domingo, marzo 29, 2009

Existe, entre tus ojos y esta noche, una profundidad sagrada, una grieta parecida a mi sexo, donde en tu ausencia surgen guerrillas, consignas de liberación. Si tú estabas en ellas o yo corría a salvarme, nadie puede saberlo. Es la noche. Se sumerge y desampara. Todo lo sólido que aquí sigue, sólo llevará tu nombre.

martes, enero 13, 2009

Yo me perd­­í
En la trashumancia de tu canto
La debilidad austera de una noche incongruente
De un palacio amalgamado
Que se hace reticente a la parálisis vocal
Que no es saber adentrarse o romperse
O vagar en el alba triste y la arena desmembrada
Tus ojos, bosque infinito, mis colmillos sucios
Mi lengua de acróbata y pies sonámbulos
La carne es delirio, la ausencia hizo su refugio
En mi pecho tenue, opacidad maldita
Y ya es demasiado tarde
Para estos recovecos de botica vieja
y sal de mármol

Recuerda la soledad escondiéndose entre tus dedos
Recuerda el frío del abrazo subyugado
Las raíces trémulas en la última concordia de tu caos
Saldrán
No dirán nada más que con una voz aguada
Mortecina
O esclava
Que los temblores no viven más
para unos ojos descubiertos a la semblanza muda
de un no querer buscar
Que no ven
Que no ven
Abren un grito por canales obscuros
Y absurdos
Porque no vuelve el diálogo de la catarsis y el abismo
Porque no se sientan tus mundos disconformes a llorarle a la noche
Que te exime del error, de alcoholes negros,
Que calienta nidos en el corazón fraguado de estatuas
Golpe de tierra tu sentir
De placenta desgarrada
Porque abre heridas en la luz el cuerpo celeste
Y hay una marcha fúnebre en las huellas olvidadas
El terror está en la muerte disfrazada de vida
Donde no va a descansar
Ni va a gritar
Ni a correr
No va a estar y no va a ser
La noche se cierra
La ma­ñana llora antes de nacer
Hay un mar próximo en gris y frío
Mis ojos cortados por viento
La razón estática
Mi mar
Espejo de abismo
Tempestad callada.

Tú no estabas allí,
Amanecía y el sol callaba
no escuchabas rugir su nombre
ni las punzadas de espuma en la tierra
ni sepultada la furia en mi pecho.
El cabo Ogoño no te decía nada
Ni San Juan de Gastelugatxe
Ni Zumaia o el Amboto.
Porque tú no estabas allí,
tus ojos encendían otra luz,
tus manos consumaban otras tierras
y había un paisaje inocuo
la locura o la conciencia
el ruido o lo frágil
un universo complaciente
o un plenilunio denostado.

Tú no estabas allí
y tus ojos gritaban su nombre
como si no supieras nada
me hablabas como si tu lengua
no lo hubiese escrito en mi sexo
como si yo pudiera olvidar el olor de tu aurora.
Tú no estabas allí
y mi locura tenía tu nombre
y tus ojos tenían su nombre
Su sal, sus recodos para las tardes amargas
Para desnudarse íntegros, y decir sí
somos vulnerables
pero no estamos ausentes
cada suicidio en la arena
es tu corazón llorando
es tu risa en la vigilia salvaje
Cantábrico
Veo los barcos en tu cuerpo
Tu navegación amable frente a la adversidad
Tu esperanza en esta tierra
Horizonte continental
Intensidad rural
poesía de ría y montañas
de aureola gris
cristales mojados
astilleros en ruinas el corazón
letra y hierro
plazas con uniforme de fiesta
y tú no sabías nada.

lunes, enero 05, 2009

Hazme caminos de anarquía, esconde soles en mi pecho, revienta tu humedad y el color extraviado de mi vientre. Que no quede nada, ni una mancha entre tus dedos, ni un soliloquio coyuntural, hazme la guerra exenta de murallas, y no firmes con tu nombre, no compongas la seducción de banderas, no firmes con tu nombre, no integres la estupidez barroca del escudo y la lanza.

Vuelve a mi boca desesperado, que tus labios sentencien el mundo en mi lengua, y horada con tu sexo la voluntad de mis cauces. Conjuguemos juntos la locura del verbo, la fragilidad del espacio, la vida sin resorte, exenta de pecado, esclava de tu boca entre mis piernas.

viernes, octubre 31, 2008

Yo sabía que me esperaba la noche y callaba como las voces abandonadas al abismo. Nunca tuve zapatos para caminar sobre el agua, ni alas que no pudieran quemarse. Nunca hallé lo absoluto en mi vientre ni la humedad extinguida ante mi sombra. La nada dividida y las montañas remotas erigían mis templos.